Jet set
Camino por la calle silbando el Bolero de Ravel.
Oigo gritos. Un hombre viene corriendo, aparentemente histérico, hacia donde estoy. Pasa de largo en su frenética carrera.
Más gente le sigue, corriendo en la misma dirección, con el mismo semblante de pánico. Siento escalofríos. Tengo miedo. Estoy corriendo yo también, aunque ignoro el motivo.
Miro hacia atrás y veo un ejército de escarabajos gigantes, peludos, de aspecto horrendo, corriendo enloquecidos por todas partes. Del tamaño de caballos, mientras avanzan frenéticamente atropellándose entre ellos, apilándose, van pegando mordiscos a todo lo que ven: un semáforo, un coche, un árbol, la calzada...
Son muy rápidos, no puedo escapar.
Justo cuando estoy sintiendo el aliento de uno de ellos a escasos metros de mí, me meto rápidamente en un portal abierto, y cierro de golpe. Exhausto, presa de los nervios y la ansiedad, respirando con mucha dificultad, me quedo al lado de la puerta oyendo pasar a las horribles bestias, y los gritos de la gente.
No estoy solo en el portal, lo noto.
Me giro pero está oscuro.
Hay una luz en la pared. Un interruptor. Lo presiono.
Sentados en los dos últimos peldaños de la escalera, están Bill Murray y Barack Obama, jugando a la ruleta rusa.
-¿Juegas? –dice Bill
-No, prefiero mirar
-O te unes o te vas fuera con los bichos –señala Obama-. No te lo recomendamos; es mejor que te quedes aquí. No hay escapatoria.
-¿Por qué? –protesto
-Porque es la voluntad de dios.
-Por favor, no me hagáis esto, no quiero salir.
Obama levantó una ceja, señalando el revólver en manos de Bill Murray.
-Que os den por el culo...me caíais bien
-Buena suerte –ríe Bill, y aprieta el gatillo
Abro la puerta ligeramente y veo la acera llena de sangre. La calle está infestada de los enormes escarabajos, que parece que ya se han comido a toda la gente, y ahora se comen la ciudad. Los edificios, el suelo. Es el fin del mundo. Cierro la puerta y me dirigo a Obama.
-Barack, dame la pistola
-No, yo primero...- Barack cierra los ojos y se pega un tiro en la sien.
Me dirijo a por el revólver y aprieto el gatillo. Click.
Sigo vivo.
Oigo a los bichos bajando por las escaleras. Puedo percibir su olor nauseabundo, y oigo perfectamente los chasquidos de sus enormes patas mientras vienen a por mi sangre fresca.
-Vamos, vamos!!!
Click, click, click..
Abro el cargador, no quedan balas. Noto el corazón queriendo saltar fuera de mi boca.
-Dios, no. Dios.
La bestia es la cosa más aterradora y horripilante que podría imaginarme. Aquí está. Se acabó.
Oigo gritos. Un hombre viene corriendo, aparentemente histérico, hacia donde estoy. Pasa de largo en su frenética carrera.
Más gente le sigue, corriendo en la misma dirección, con el mismo semblante de pánico. Siento escalofríos. Tengo miedo. Estoy corriendo yo también, aunque ignoro el motivo.
Miro hacia atrás y veo un ejército de escarabajos gigantes, peludos, de aspecto horrendo, corriendo enloquecidos por todas partes. Del tamaño de caballos, mientras avanzan frenéticamente atropellándose entre ellos, apilándose, van pegando mordiscos a todo lo que ven: un semáforo, un coche, un árbol, la calzada...
Son muy rápidos, no puedo escapar.
Justo cuando estoy sintiendo el aliento de uno de ellos a escasos metros de mí, me meto rápidamente en un portal abierto, y cierro de golpe. Exhausto, presa de los nervios y la ansiedad, respirando con mucha dificultad, me quedo al lado de la puerta oyendo pasar a las horribles bestias, y los gritos de la gente.
No estoy solo en el portal, lo noto.
Me giro pero está oscuro.
Hay una luz en la pared. Un interruptor. Lo presiono.
Sentados en los dos últimos peldaños de la escalera, están Bill Murray y Barack Obama, jugando a la ruleta rusa.
-¿Juegas? –dice Bill
-No, prefiero mirar
-O te unes o te vas fuera con los bichos –señala Obama-. No te lo recomendamos; es mejor que te quedes aquí. No hay escapatoria.
-¿Por qué? –protesto
-Porque es la voluntad de dios.
-Por favor, no me hagáis esto, no quiero salir.
Obama levantó una ceja, señalando el revólver en manos de Bill Murray.
-Que os den por el culo...me caíais bien
-Buena suerte –ríe Bill, y aprieta el gatillo
Abro la puerta ligeramente y veo la acera llena de sangre. La calle está infestada de los enormes escarabajos, que parece que ya se han comido a toda la gente, y ahora se comen la ciudad. Los edificios, el suelo. Es el fin del mundo. Cierro la puerta y me dirigo a Obama.
-Barack, dame la pistola
-No, yo primero...- Barack cierra los ojos y se pega un tiro en la sien.
Me dirijo a por el revólver y aprieto el gatillo. Click.
Sigo vivo.
Oigo a los bichos bajando por las escaleras. Puedo percibir su olor nauseabundo, y oigo perfectamente los chasquidos de sus enormes patas mientras vienen a por mi sangre fresca.
-Vamos, vamos!!!
Click, click, click..
Abro el cargador, no quedan balas. Noto el corazón queriendo saltar fuera de mi boca.
-Dios, no. Dios.
La bestia es la cosa más aterradora y horripilante que podría imaginarme. Aquí está. Se acabó.



